Robin Hood
Dirigida por: Ridley Scott
Con Russel Crowe, Cate Blanchet

Ridley Scott es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes artistas cinematográficos de la historia. A lo largo de 4 décadas, desde “Alien” y “Blade Runner” y hasta “La Caída del Halcón Negro”, lo mismo en el género épico que en la comedia romántica, sus producciones han fascinado a cientos de millones de espectadores y le han ganado un sitio de honor entre los mejores.

Por tanto, la noticia de que nuevamente haría equipo con Russell Crowe para regresar a la vida el mito de Robin Hood, 20 años después de una decepcionante versión estelarizada por Kevin Costner. Ahora, tras el arribo de este nuevo “Hood”, podemos decir que Scott y Crowe le han dado su propio toque a la historia, para bien y para mal.

Empezamos con lo bueno, el manejo de la imagen es sencillamente espectacular. Al igual que en Cruzada (Kingdom of Heaven) Scott nos regala una mirada hacia la vida en la edad media, tanto en los palacios como en los pueblos de la gente común, logrando un tono que por momento se asemeja incluso al documental, aderezado por la belleza de los paisajes y la majestuosa crueldad de la guerra.

En términos de las actuaciones tampoco hay nada de qué quejarse; “Robin Hood” reúne a un elenco de primer nivel, que incluye a Cate Blanchett (Lord of the Rings) o William Hurt (The Village), además del propio Russell Crowe, en el papel de un arquero del ejército británico, comandado por Ricardo Corazón de León, que regresa de las cruzadas para cumplir una promesa
y encontrarse con su nación oprimida bajo la tiranía del fatuo e incompetente rey Juan.

La ambientación y la música de Marc Streitenfeld (American Gangster) también cumplen con su papel e influyendo decisivamente para que la película no se sienta pesada, a pesar de su enorme duración (más de dos horas).

Ahora, lo malo. La historia misma es el gran defecto de esta película, y es que el proyecto de “Robin Hood” comenzó como un script sobre la vida del sheriff de Nothingham y, de hecho, ese fue el primer título con el que la película se dio a conocer, hace ya unos tres años.

Sin embargo, a lo largo de los meses siguientes, el guión sufrió extensas transformaciones, hasta acabar convertido en una especie de “precuela” del mito de Robin Hood, donde el Sheriff juega un papel sin importancia.

Desgraciadamente, los constantes cambios en el rumbo de la historia dejaron su huella en el producto final y la película sufre de constantes cambios de ritmo por lo que, a pesar de su extensa duración, pareciera que intenta abarcar demasiadas cosas en muy poco tiempo, al grado de parecer una sucesión de cortometrajes, cosidos uno al lado del otro.


La peor consecuencia de este fenómeno es que a diferencia de “Cruzada”, la anterior épica dirigida por Scott, donde el personaje de Balian, atacado por las dudas y devastado por el suicidio de su esposa, se sobrepone a todas las dificultades para hacer lo correcto, Hood nunca genera esa conexión espiritual con el espectador.

Al mismo tiempo la visión que presenta de la Iglesia es tan agresiva como superficial, los “hombres alegres” de la banda de Robin son todo menos eso y, francamente, en medio de la lucha entre un tirano contra otro, nunca nos llega a importar realmente lo que pase.

Aun así, Robin Hood es una muestra de la maestría visual de Scott, que merece ser apreciada en todo su esplendor en la pantalla grande y que además nos transmite, aunque sea tímidamente, una importante lección: los gobernantes necesitan a la gente, algo que nuestras autoridades harían bien en recordar.

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