Dirigida por: Mike Newell
Con Jake Gyllenhaal, Gemma Aterton, Alfred Molina, Ben Kingsley
“Liberar la arena hace retroceder el tiempo”, incluso hasta el inicio de los días, esta es la premisa de la nueva oferta de Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, La Leyenda del Tesoro Perdido), una superproducción de 200 millones de dólares, que trae al celuloide las aventuras de uno de los personajes más reconocidos en la industria del videojuego.
Durante más de 20 años, el príncipe ha estelarizado multitud de títulos, combatiendo inacabables enemigos desde el antiguo MS-DOS hasta las consolas de nueva generación y, ahora, la pantalla grande.







Esta nueva versión nos cuenta la travesía de Dastan, un niño huérfano que es adoptado por el poderoso Sharaman, Rey de Persia. Años después, él y sus hermanos adoptivos, toman la ciudad sagrada de Alamut, ahí se desatará una peligrosa traición, que busca alterar el curso de la historia, aunque para ello deba destruir el mundo, por medio de una antigua y poderosa daga, capaz de liberar las legendarias arenas del tiempo.
El Príncipe Dastan (Jake Gyllenhaal), acusado injustamente de asesinato, debe evitar que este artefacto caiga en las manos equivocadas y para ello contará con la ayuda de la extraordinariamente hermosa -y peligrosa- princesa Tamina (Gemma Aterton), gobernante de Alamut.
En el camino se encontrarán con un taimado empresario (Alfed Molina) cuya afición por el oro solo es superada por su repudio a los impuestos y con los miembros de una peligrosa banda de matones a sueldo, conocidos como los Hassansin, decididos a todo para robar la daga y entregársela a su cliente.
De entrada, lo primero que hay que considerar es que, considerando que está basada en un videojuego “El Príncipe de Persia” no es una película tan mala, aunque ciertamente está muy por debajo del nivel establecido por la franquicia de Piratas del Caribe, empezando por el protagonista, pues Johnny Depp es 10 veces más carismático que Jake Gyllenhaal.
La parte del villano es muy bien desarrollada por Ben Kingsley, como el maquiavélico y receloso Nizam, hermano y consejero, tanto del Rey Sharaman como de su primogénito, el príncipe Tus. Por cierto, los nombres de los personajes son bastante burdos.
La dirección corre a cargo del inglés Mike Newell (Harry Potter & The Goblet of Fire), que demuestra tener oficio y experiencia, mientras que la música de Harry Gregson-Williams (Narnia, Shrek) cumple meramente con su cometido, aunque sin aportar nada novedoso al género.
Por otra parte, los efectos especiales están muy bien logrados, pero son tantos que llega un momento en que rompen la ilusión cinematográfica, porque dejamos de tomarlos en serio.
En conclusión, el Príncipe de Persia es una buena opción para pasar un rato entretenido, pero, para decirlo claro, no trasciende y, con toda seguridad será la única película de la franquicia.
Parece que a Jerry “Midas” Bruckheimer, esta vez le falló la puntería, más suerte para la próxima y, por lo pronto, seguiremos esperando la cuarta entrega de Piratas del Caribe “En costas más extrañas” para el 2011
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