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¿Qué dicen los expertos?
Harry Potter y el Misterio del Príncipe
Dirigida por: David Yates


Han  pasado ya casi 8 años desde que en noviembre del 2001, la película protagonizada por un enclenque niño con gafas, cicatriz en forma de rayo y una extraordinaria habilidad para estar en los lugares
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incorrectos en el momento apropiado tomó al mundo del cine por sorpresa, recaudando más de 300 millones de dólares en los Estados Unidos y más de 970 millones a nivel mundial.

Desde entonces, la adaptación cinematográfica de la saga de J. K. Rowling se ha venido apuntando un éxito tras otro y se ha ganado a pulso un sitio de honor en la historia de la cinematografía y siendo parte fundamental, junto con la adaptación de El Señor de los Anillos, del renacimiento del cine fantástico dentro de Hollywood.

Quizá, lo más impresionante de esta serie de triunfos es como el equipo de actores, productores y guionistas han sabido guiar la historia, de modo transite exitosamente del ámbito infantil, hacia la madurez: desde aquellas primeras dos películas, con sus colores claros y su trama inocente hasta esta última, obscura, atemorizante y, al mismo tiempo, muy divertida.
Sí, oyó usted bien, Harry Potter & el Misterio del Príncipe es la película más divertida en lo que va de la saga, llena, sobre todo durante la primera mitad, de chistes y “gags” situacionales que logran conectar con la audiencia y, si bien aligeran el ambiente, son lo suficientemente finos como para que sigamos tomando la película en serio.

En este aspecto destaca la escena de la primera cena organizada por el profesor Slughorn para los alumnos destacados, que concluye un hilarante juego de miradas, el juego de celos entre Ron y Hermione y, en general, la representación de la vida amorosa del trío, con todo el drama del romance juvenil.

Sí, esté año definitivamente hay amor en el aire de Hogwarts, pero también odio y miedo, pues el mal por fin ha encontrado la manera de entrar al castillo, gracias a los “buenos” oficios de Draco Malfoy, que ha sido elegido por el señor tenebroso para una peligrosa misión, que pone a prueba no solo su destreza sino, ante todo, la calidad de su alma.
El mundo mágico está en serio peligro, pero también hay una tenue luz de esperanza, pues el secreto de la inmortalidad de Lord Voldemort podría descubrirse, todo depende de que Harry logre obtener el recuerdo que pondrá órden en el rompecabezas y esa memoria de vital importancia descansa en la mente del profesor Horace Slughorn.

Este nuevo personaje, magistralmente interpretado por Jim Broadbent, es el nuevo maestro de pociones en Hogwarts y un aficionado insalvable al cultivo de buenas relaciones y lazos de influencia con los alumnos a los que considera talentosos, por lo que, Harry Potter “el niño que vivió” se convierte en el centro de sus esfuerzos.
Alan Rickman repite su extraordinario retrato del profesor Severus Snape, cuya decisión podría definir el rumbo del mundo mágico, para siempre, mientras que Maggie Smith, (Minerva McGonagall) y Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange) inundan la pantalla con su talento y carácter.

Hagrid, Tonks, Lupin, Los gemelos Weasley y Madame Pompfrey tienen pequeñas apariciones que, aunque insubstanciales, dotan a la película de un sentido de familiaridad y continuidad que se agradece en medio de los terribles peligros que enfrenta el mundo mágico.

Vale la pena referirnos a la escenas de Quidditch, en las que podemos comprobar el extraordinario avance que ha vivido el cine en términos de efectos especiales, pues el realismo y el detalle que vemos ahora es mucho mejor que aquel que nos maravilló en las primeras dos entregas.

Otro elemento a destacar es la fotografía y la ambientación, mucho más maduras y sombrías que las de entregas anteriores, pero, sin embargo, dotadas de una nostálgica belleza. Los productores han declarado que querían imitar el estilo de Rembrandt y, después de ver la película, podemos confirmar que verdaderamente lo han logrado.

Hay quien ha comparado a esta sexta parte de la historia de Harry Potter con “El Imperio Contraataca” de la Guerra de las Galaxias, en el sentido de que son las entrega que, por decirlo de alguna manera, “ponen la mesa”, antes de la resolución final y, la verdad es que es cierto, pues no solo terminan en forma casi idéntica, sino que ambas logran azuzar nuestra impaciencia por ver la siguiente película.

Como señalaba al inicio, han pasado ya casi 8 años desde aquella primera película y, sin embargo, la saga nos sigue sorprendiendo, al igual que los buenos vinos, con el tiempo es cada vez mejor.