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De Cartón Piedra
“El lenguaje político está diseñado para hacer
que las mentiras suenen verdaderas”
George Orwell

Decía don Jesús Reyes Heroles que, en política, la forma es fondo y esta realidad se ha vuelto especialmente clara durante los últimos años, con el surgimiento de una nueva generación de candidatos y funcionarios cuyo principal talento no consiste en su habilidad negociadora o preparación académica, sino en su capacidad de “salir bien en la tele”.
Uno de los ejemplos más claros de este fenómeno fue la “obamanía”, desatada en los Estados Unidos por el Partido Demócrata, al son de las canciones de Black Eyed Peas y el apoyo de las luminarias de Hollywood. Contra todo pronóstico y en apenas cuestión de meses Barack Obama, un senador novato, fue convertido, por obra y gracia de los medios masivos de comunicación, en un líder global, comparado por sus seguidores con Roosevelt o Kennedy.
Llevada por la moda y el sentimiento de cambio (tan eficientemente explotado por los demócratas), la sociedad americana recibió, hace poco más de un año, a Barack Hussein Obama como el 44 presidente de los Estados Unidos, en medio de monumentales muestras de júbilo, reflejado en los dos millones de personas que asistieron a su discurso inaugural y al magno concierto en el que participaron personajes como Bruce Springsteen, Shakira o Samuel L. Jackson.
Sin embargo, como suele ocurrir, la realidad termina por imponerse y a 12 meses de distancia, la historia está resultando completamente distinta; según los sondeos que publica la empresa Gallup, el apoyo a Obama se ha desplomado en forma generalizada, llegando a niveles inferiores al 50%, muy por debajo del 84%, el 55% y el 80% que sus antecesores disfrutaban al iniciar el segundo año de su mandato.
El creciente desencanto de la sociedad estadounidense se ha reflejado en un rápido fortalecimiento del partido republicano, cuyo candidato, Scott Brown logró arrebatarle a los demócratas el simbólico asiento senatorial por Massachusetts, que Ted Kennedy ocupara durante casi medio siglo, en las elecciones extraordinarias realizadas el pasado 19 de enero.
El triunfo de Brown, (un ex modelo de la revista Cosmopolitan) podría poner fin a la reforma al sistema de salud, que la administración Obama ha convertido en su mayor prioridad y representar un derrota demoledora para las aspiraciones de Barack y su equipo, de cara a las elecciones intermedias del 2010 y la reelección en el 2012, complicada aún más por la creciente hostilidad de personajes como Matt Damon o Michael Moore, cuyo apoyo fue fundamental para llegar a la Casa Blanca.
Mientras la figura de Obama se desinfla en forma casi irreversible, la lección que debemos aprender los mexicanos es que no podemos basarnos únicamente en la imagen para tomar decisiones, especialmente aquellas que tienen que ver con el gobierno, porque la política NO solo es forma, también requiere de un fondo claro y coherente. No basta con que los candidatos tengan la pinta de líderes, deben serlo.
Vivimos en la era de la imagen omnipresente, donde la apariencia define no solo el éxito de las películas o los discos, sino incluso el destino de naciones enteras y por ello debemos ser especialmente cuidadosos, para no repetir en nuestras propias elecciones generales del 2012 el error cometido por nuestros vecinos del norte.
El lenguaje político hace que las mentiras parezcan verdades, sobre todo cuando viene acompañado del brillo de la televisión y el peligro está a la vista, porque a estas alturas del partido, tanto el PRI, como el PAN y el PRD ya están alineando a sus “niños bonitos” para la contienda presidencial.
Ahora queda por comprobar si alguno de ellos es verdaderamente un estadista o todos son tan solo maniquís de aparador y, también, si como sociedad estamos dispuestos a que nos gobierne un presidente sintético, de plástico...o de cartón piedra.
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