2012
Dirigida por: Roland Emmerich
El fin del mundo está cerca…bueno, al menos eso dicen un montón de vividores, basados en teorías pseudocientíficas combinadas con trazos de una supuesta “sabiduría” ancestral.







El tema, por supuesto, da para mucha cinematografía, sobre todo mientras nos acercamos al 2012, la fecha en que, según estos “iluminados” ocurrirá la gran catástrofe y por ello, además de reírnos de las tonterías que esos ilusos presentan como ciencia, vale la pena disfrutar de las propuestas cinematográficas que toman el fin del mundo como marco narrativo.
Entre las más recientes destacan “Presagio” estelarizada por Nicolas Cage y, por supuesto, la gran obra definitiva sobre el tema: “2012” que recién acaba de estrenarse en las salas de cine alrededor del mundo.
De entrada vale la pena aclarar que si usted busca un argumento creíble o una historia que le llegué al corazón sería recomendable que pase a la sala de al lado, donde se esté exhibiendo una película de corte más cultural, como…digamos…Toy Story.
En cambio, si lo que prefiere son grandes explosiones con un mínimo de charla entre cada una de ellas, entonces “2012” verdaderamente será una gran experiencia, digna del precio del boleto de entrada.
“2012” es Roland Emmerich en su máxima expresión y esto significa: excelentes efectos especiales, gran agilidad visual y casi absoluta carencia de diálogos inteligentes, pues aquí ya no aparecen ni siquiera aquellas pequeñas frases de impacto que vimos en sus anteriores películas, aún el discurso del Presidente anunciando el fin del mundo es, por decirlo decentemente: aburrido.
Una de las cosas que hacen divertidas las películas de Emmerich es que, aunque el argumento es francamente estúpido en la mayoría de las veces, los personajes logran interesarnos en sus aventuras, cosa que en esta ocasión no ocurre: el mundo se está destruyendo, los protagonistas están en peligro de morir y, francamente, a mi, como público, nunca llego a importarme.
Desde el inicio de la película el reparto es una ensalada étnica, más comprometida con cubrir los estándares de lo “políticamente correcto” que con dar un marco de realismo a la historia y el peso del cliché es tal que acaba por asfixiar cualquier resquicio de credibilidad, lo cual se refleja incluso en los edificios destruidos (Se muestra la destrucción de El Vaticano y no la de La Meca, por poner tan solo un ejemplo.
Por otra parte, a John Cusack, (el protagonista principal) el papel le quedó grande y, por más que lo intenta, simplemente no logra llenar la pantalla como lo hicieron en su momento Will Smith y Jeff Goldblum (Independence Day) o Mel Gibson (The Patriot) y del resto del elenco mejor solo diremos que sus actuaciones son dignas…de una comedia de Eugenio Derbéz.
La fotografía y los efectos en computadora son, como siempre, impecables y muy seguramente, “2012” estará nominada al Oscar en varias categorías técnicas. De hecho, si quitáramos los minutos de diálogo y dejáramos las puras secuencias de acción, la película no perdería absolutamente nada.
Para quienes llevamos casi toda nuestra vida consciente admirando las gringadas íntegramente entretenidas de este director, “2012” cumple con su cometido, pues sus secuencias de destrucción total son una verdadera delicia visual, aunque, con dos horas y media de duración resulta demasiado larga, incluso al grado de volverse tediosa.
En conclusión, “2012” es una película que vale la pena ver en la pantalla de cine más grande que encontremos, única y exclusivamente, por las secuencias de destrucción masiva, lo demás es intrascendente.
Sin Medias Tintas. Opinión y análisis sociopolítico - E-mail: webmaster@sinmediastintas.org